domingo, 11 de julio de 2010

Los ojos

Están delante mío y casi no parpadean. Apenas puedo respirar del miedo que tengo. El sudor corre por mi frente. Esos ojos no son humanos y no dejan de mirarme. Todo esta oscuro y en silencio. Solo veo sus ojos, como dos faroles en la oscuridad y apenas le queda cera a la vela. Ya no me queda tiempo y no puedo hacer nada. Y cuando se consuma ya no tendré chance alguna de actuar, pero tengo el cuchillo. Antes que nada al que encuentre este papel, si es que alguien lo encuentra, mi nombre es Héctor, y los acontecimientos fueron inevitables. Todo comenzó cuando volví de mi trabajo, a eso de las siete de la tarde. Como de costumbre, me recibió mi perro, Vito, con su habitual entusiasmo. Me cambie y me recosté en el sillón para ver el noticiero. Estaba descansando, tranquilo, hasta que escuché un ruido ensordecedor en el sótano. Luego se cortó la luz. El perro empezó a ladrar enloquecido. Al principio no supe que hacer. Ese ruido fue como un rugido, un grito de una voz que nunca había escuchado. Pero junte valor y fui hacia la cocina. Abrí el armario para buscar la linterna, pero al probarla me di cuenta de que no tenia pilas. Tendría que usar una vela. Encendí una. Y por las dudas agarre un gran cuchillo doble filo. Estaba preparado para ir hacia el sótano. Quizá era una rata que se había electrocutado o solo era mi imaginación y simplemente habían saltado los fusibles. O era lo que yo más temía. Junte coraje y me dirigí hacia la puerta del sótano. Rogué a Dios por que no fuera eso. Un aura indescriptible parecía salir por debajo de la puerta, y entonces temí lo peor. Cuando abrí la puerta, me di cuenta de que algo andaba mal. Un olor nauseabundo emanaba de allí abajo. Empecé a bajar muy lentamente las escaleras. Vito me siguió detrás, gruñendo. Los fusibles están bajando la escalera. Me dirigí hacia allí. Alumbré hacia la compuerta y me di cuenta de que estaban totalmente desgarrados. Algún animal o algo por el estilo lo había hecho, sin duda. Pero ¿Que clase de animal haría semejante desastre? ¿Acaso un león, un oso? Era imposible. En ese mismo momento sentí su respiración. Se me paró el corazón. Esa cosa estaba ahí, sentí su presencia. El olor era insoportable. Sabía lo que me esperaba. Me di cuenta que el piso estaba pegajoso. Alumbre con la vela hacia la inmensa oscuridad del sótano. No pude ver nada. Pero cuando alumbre hacia la vieja biblioteca, pude ver una sombra moverse rápidamente. Casi sin darme cuenta, el perro se le fue encima, y pude escuchar como esa bestia le desgarraba el pecho a mi pobre can. ¡Esa cosa lo mato y me lo devolvió! No pude hacer nada para evitarlo. Era mi único compañero, y ahora yacía muerto en mis brazos. Lancé un grito de impotencia. Esa cosa no es humana. Pero le teme a la luz. En ese momento me creí superior a esa bestia. La muerte de Vito me enfureció. Me creí capaz de vencerla. Fui corriendo hacia allí, pero en el camino tropecé con algo, una silla creo. Y ahí si, el gemido de la bestia fue realmente ensordecedor, de otro mundo sin dudas, nunca antes percibido por un oído humano. Y me dejó sordo. Mis oídos sangraron. El dolor es insoportable. Me arrastre como pude hacia el otro extremo de la biblioteca. Apoye la espalda contra la pared. Y acá estoy, esperando mi muerte enfrente de ese demonio sin nombre. Me mira con desprecio. No parpadea. Sabe que me queda poco tiempo. Apenas puedo escribir. Puedo sentir su respiración. Se que solo me queda una chance, y es con el cuchillo en la oscuridad. Parece disfrutar el momento. Sabe que me tiene en sus garras. A pesar de no escuchar casi nada, puedo sentir como cae al suelo su baba gelatinosa. El cadáver de Vito esta ahí, desgarrado por sus terribles garras. Quizá dentro de poco también va a estar el mío. Pero se lo que es y también como llegó hasta aquí. Hace poco leí un libro de ciencias ocultas. Había una invocación allí a unos extraños seres de la luna, ocultos por siempre en su lado oscuro. No recuerdo haberlo leído en voz alta, aunque tal vez alguna extraña fuerza me hizo pronunciar esos maléficos versos. Pero si, ahora recuerdo ese sueño que tuve ayer. Fue peor que una pesadilla. Volé por esos prados, esos caminos llenos de cráteres y árboles incomprensibles. Visite los palacios de Kehn, recorrí sus gigantescos pasillos. Visite al gran Khadu. Si, él vino por mí. Ese ser bajó directo de la luna hacia mi sótano. Tiene que haber curvado los ángulos. ¿Acaso estoy enloqueciendo? La vela se consume. Ya me queda poco. A medida que se consume la vela, se acerca un poco más. Y sus ojos, sus ojos son enormes y deformes. Nunca tuve tanto miedo en mi vida. La oscuridad me esta alcanzando. Me tiembla todo el cuerpo, ya no soporto mas el olor ni el frió. Y el dolor en mis oídos, es insoportable. Jamás tendría que haber leído ese libro. Debo haberlo invocado en ese sueño. Estoy ante un ser estelar y monstruoso. Oh Dios, perdóname, ¿Que he hecho? Oh, Astarté, ayúdame, bella dama de la noche… Imágenes encantadas de cráteres y cuevas oscuras recorren mi mente. Oh no, ya llega. Ya casi acaba. Un sudor frió recorre mi cuerpo. Oh bella luna, ya te vislumbraré con tus blancos encantos, si, ¡tus hermosos encantos! Oh si, tu oscuridad resplandeciente. Si, estoy enloqueciendo, ya no se ni lo que escribo. Si, oh, bella luna, si ¡mi dama plateada! Ya casi se derrite toda la cera. Tengo el cuchillo. Solo tengo una chance. Solo una y es en la oscuridad. La vela se consume. Si, me quedan segundos. Oh Astarté, reina de la noche, oh mi reina… Ya puedo sentir tu luz sobre mi cuerpo. Si, ya viene. Esos malditos ojos, ya puedo sentirlos. La vela se consume. Preparo el cuchillo. ¡Oh Astarté! Ya viene, si ya viene. Se apaga la vela, ¡Oh Astarté, hermosa y brillante! Si ya viene, ya vie…

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